Europa vive un momento decisivo. En los últimos meses, la soberanía digital se ha consolidado como una de las grandes prioridades estratégicas de la Unión Europea. Las iniciativas para reforzar la capacidad tecnológica propia, impulsar la industria de los semiconductores, desarrollar infraestructuras europeas de nube o regular la inteligencia artificial responden a un objetivo compartido: reducir dependencias y garantizar que el futuro digital de Europa esté alineado con sus valores democráticos.
Este es un debate imprescindible, pero hay una pregunta fundamental que a menudo queda fuera del foco: ¿quién controla las infraestructuras físicas que hacen posible Internet?
La infraestructura es también soberanía
No hay soberanía digital sin infraestructuras digitales. La fibra óptica, los puntos de interconexión, las redes de transporte, los centros de datos o las infraestructuras de proximidad constituyen los cimientos sobre los que se construyen todos los servicios digitales.
Cuando estas infraestructuras se concentran en pocas manos, también se concentra la capacidad de decidir cómo evoluciona Internet, qué territorios reciben inversiones, qué condiciones económicas se imponen y qué margen tienen las comunidades para construir alternativas.
La soberanía digital no consiste únicamente en fabricar tecnología en Europa. También implica garantizar que las infraestructuras de comunicaciones sean abiertas, accesibles, interoperables y gobernadas de acuerdo con el interés general.
Las redes comunitarias son una pieza imprescindible
Las redes comunitarias demuestran que existe otra forma de desplegar infraestructuras digitales. Se trata de un modelo basado en la colaboración entre ciudadanía, administraciones públicas, empresas, cooperativas y entidades sociales, que comparten recursos para construir una infraestructura común abierta a todos.
Este modelo aporta beneficios que encajan plenamente con los objetivos europeos, porque:
- fomenta la resiliencia de las infraestructuras
- favorece la competencia y evita dependencias excesivas
- facilita la llegada de conectividad a territorios donde el mercado no siempre encuentra incentivos para invertir
- promueve la reutilización de infraestructuras existentes
- genera economía local y capacidad técnica distribuida
- refuerza la soberanía tecnológica de las comunidades
Hablar de soberanía digital sin incorporar estos modelos es dejar fuera una parte esencial de la solución.
guifi.net: una experiencia europea antes de que Europa hablara de ello
guifi.net trabaja desde hace más de dos décadas para demostrar que Internet también puede construirse como un bien común, donde una infraestructura abierta permite que múltiples operadores, administraciones públicas, empresas, entidades y particulares compartan una misma red bajo reglas transparentes y no discriminatorias.
Un modelo que no sustituye al mercado, sino que lo complementa. Reduce las barreras de entrada, facilita la competencia, optimiza las inversiones y favorece que los recursos públicos y privados generen un beneficio compartido.
Cuando hoy Europa habla de resiliencia, autonomía estratégica o infraestructuras digitales abiertas, está poniendo nombre a muchos de los principios que guifi.net lleva años aplicando sobre el terreno.
Una oportunidad para las políticas europeas
La futura agenda digital europea ofrece una oportunidad única para que las redes comunitarias dejen de ser consideradas iniciativas singulares y sean reconocidas como un instrumento estructural dentro de las políticas públicas.
Este reconocimiento debería ir más allá de las declaraciones de principios y traducirse en medidas concretas:
- incorporar las redes comunitarias en las estrategias de despliegue de infraestructuras digitales
- facilitar el acceso a financiación específica para infraestructuras abiertas
- promover marcos regulatorios que favorezcan el uso compartido de infraestructuras
- garantizar que los recursos públicos contribuyan a generar activos comunes y reutilizables
- impulsar modelos de gobernanza abierta y participativa
Europa necesita una infraestructura digital más resiliente, más distribuida y menos dependiente de modelos excesivamente centralizados.
Construir soberanía desde el territorio
La soberanía digital no se construye exclusivamente en los laboratorios, ni en los grandes centros tecnológicos, ni en las sedes de las grandes empresas. También se construye en los municipios, en las zonas rurales, en los barrios, en las cooperativas, en los pequeños operadores y en las comunidades que deciden organizarse para crear infraestructuras compartidas al servicio del interés general.
Es la historia de Internet la que nos ha enseñado que las redes más resilientes son aquellas que distribuyen la capacidad, comparten el conocimiento y fomentan la colaboración. Si Europa quiere alcanzar una auténtica soberanía digital, deberá ir más allá de la tecnología y apostar también por modelos abiertos de gobernanza de las infraestructuras.
Porque la soberanía digital no depende únicamente de quién desarrolla el software o fabrica los dispositivos. También depende de quién es propietario de las redes, de cómo se gobiernan y de si esas infraestructuras se conciben como un recurso privado o como un bien común.
En guifi.net estamos convencidos de que una Internet abierta, compartida y comunitaria no solo es posible: es imprescindible para construir una Europa más resiliente, más competitiva y más democrática.